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Inequidad de género en los roles maparentales: ¿Hacia un nuevo modelo familiar?

6 marzo, 2024

Hoy, el modelo familiar tradicional se encuentra en crisis y aunque según el INDEC el 74% de los varones argentinos se encarga de las tareas del hogar, el porcentaje de mujeres sigue siendo mucho mayor.

Según Patricia Herrera, psicóloga e investigadora, la familia es el primer factor que contribuye a la división de género, asignando distintas actividades a niñas y niños. Culturalmente, a las mujeres se les destinaban las tareas del hogar y de servicio, mientras que a los hombres se les reservaban las actividades competitivas. Sin embargo, la profesional destaca que es importante cuestionar estas desigualdades de género para lograr un equilibrio que asegure el funcionamiento familiar.

En estas últimas décadas, con la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, los aportes de las corrientes feministas, las reformas legales que protegen los derechos de las niñeces, el retraso en la edad para concebir, la influencia de las nuevas tecnologías en la planificación familiar, la construcción de nuevas masculinidades y la pluralidad de modelos familiares, entre otros cambios sociopolíticos, cada vez más mujeres y hombres reflexionan, cuestionan y abordan el problema de la inequidad de género en el trabajo reproductivo.

Rompiendo el molde: Del modelo tradicional a las nuevas formas de mapaternar

Martín Ortenzi (43), vive en Buenos Aires, es docente de nivel inicial y papá de dos nenas a las que educa en pareja con Natalia. Como el primer y único varón puericultor en la Argentina, su papel desafía la noción histórica de que brindar apoyo y acompañamiento en la lactancia a mujeres y personas gestantes es una disciplina exclusivamente femenina.

Criado según los patrones tradicionales, donde el varón era el proveedor y la mujer se encargaba únicamente de las tareas domésticas, Martín cuenta que en su casa esos roles se encuentran invertidos.

Dice: “Natalia tiene más horas laborales fuera de casa y mayor producción de dinero que yo. Y si bien, yo tengo horas en escuelas y dicto talleres, mis horarios son más flexibles y se ven modificados a la rutina de mis hijas. Yo me levanto a primera hora a hacer el desayuno y a llevar a la más grande a la escuela. Y si alguna se enferma, yo me tomo licencia y la llevo al pediatra o al hospital”.

En la pareja discuten, negocian y establecen acuerdos para repartirse de manera colaborativa las tareas. “Yo cocino siempre, ella no, y el tema de la ropa lo hacemos los dos. Hay cosas que hago yo y cosas que hace ella. Creo que más o menos lo tenemos distribuido y a veces no” –dice y continúa – “Obvio hay cosas que no puedo hacer. Emilia tiene dos años, está en período de lactancia y no puedo amamantarla yo. En algún punto hay cosas que van a recaer en ella y estará en mí ver cómo puedo acompañarla en eso. Es ahí donde entran los acuerdos y desacuerdos”.

Martín, quien también es conocido como “papa.tambien” en su cuenta de Instagram, rememora las huellas de su crianza. Recuerda que cuando su abuelo terminaba de comer, inmediatamente apoyaba su plato vacío encima del plato de su abuela, sin pensar si ella había terminado de comer o no. Perplejo hasta el día de hoy por esa actitud, resalta que este tipo de violencia sutil y simbólica es la más difícil de erradicar. “Ya todos entendimos lo que es la violencia física, a nosotros nos criaban a los golpes… pero este tipo de violencia está metida de manera silenciosa y no se ve a simple vista…”, cuestiona.

Por otro lado, en Santiago del Estero, Matías Leshman (43) y Lourdes Suarez (29), son una pareja que está criando a su primera hija, Freya (3). Coinciden en que la mapaternidad es una labor conjunta, y aunque ninguno fue criado bajo el estilo de la crianza respetuosa, sus propias experiencias los han motivado a involucrarse con su hija desde ese lugar.

Dice Matías: “Después de la separación de mis padres y de haber vivido la ausencia de mi padre biológico o que sólo esté presente para algunas cosas, eso me sirvió de contraejemplo. Por ejemplo, yo sólo podía hablar de cuestiones personales con mi mamá, nunca con mi padre biológico o con mi padre adoptivo”. 

Asimismo, Mati, como le dicen, destaca que fue con Lourdes con quien aprendió a involucrarse en la paternidad desde un rol más activo. Cuenta que, cuando empezaron a asistir a talleres de preparación para la gestación, el parto y la familia, ahí recién comenzó su búsqueda de información.

Lourdes agrega que, aunque a las mujeres desde muy chicas se les impone la preparación para ser madres, las formas de maternar van cambiando con el tiempo y varían de familia a familia. “Las experiencias que hemos tenido en nuestras familias nos puede servir para aprender qué es lo que no queremos, o cómo no queremos criar. Y lo que sí queremos, lo trabajamos todos los días porque no es que el que practica la crianza respetuosa tiene un manual y listo. No existe eso. Todos los días aprendemos, todos los días nos equivocamos, todos los días lo intentamos mejor”, dice.

Matías, se acuerda de algo y con una sonrisa gigante lo cuenta: “Hay una frase que decimos siempre cuando hacemos algo juntos en familia. Nos chocamos la mano los tres y decimos: ‘¡Somos un gran equipo!’ Es eso… involucrarnos como un equipo. Distinto del padre de antes que llegaba de trabajar fundido y se sentaba a ver la tele”

Cecilia Cáceres (33), puericultora, santiagueña y bailarina, comparte también su experiencia con la mapaternidad. Está casada con Matías y ambos están criando a Catalina (5) y a Rafael (2). Para ella, el modelo de familia tradicional o patriarcal todavía sigue perpetuando la división de género en las funciones maparentales.

Cuando se le pregunta por qué cree que a los varones les cuesta más involucrarse en el trabajo reproductivo, ella contesta que es debido a la exclusión histórica que éstos han sufrido, como consecuencia directa de la división de género y los mandatos sociales. “Desde el embarazo nomás la gente te pregunta a vos cómo estás, si te sientes bien. Pero nadie les pregunta a los padres cómo se sienten, como están, cuando a ellos también les está cambiando la vida”, contesta.

Cecilia irradia una energía impresionante, a pesar de que no duerme hace años de corrido. En una sola bocanada de aire y casi sin hacer pausas, ha marcado las diferencias que todavía persisten en las funciones maparentales, tanto dentro del hogar como en la esfera pública.

Cecilia Cáceres dictando su taller de Biodanza

“En el Baby Shower, los regalos me los entregan a mí, ‘y si no te gusta cámbialo’, me dicen. Ya desde ahí recae en mí la responsabilidad de cambiarlo, no en mi marido. Esas son pequeñas cosas que los van excluyendo. En los talleres de preparación también pasa, como vos sos la que va a parir todavía se cree que tiene que informarse sólo la mujer. Con las licencias pasa lo mismo… y a quienes tienen la fortuna de tener licencia, que no fue mi caso… Acabas de parir, tienes un tiempo full time para estar con tu bebé y en cambio los hombres tienen sólo dos días. Y si a los dos días del nacimiento, ellos siguen haciendo su vida tal cual, ¿en qué momento registran y se conocen con el bebé, o se hacen la idea de que les ha cambiado la vida? Nosotras sí tenemos ese tiempo y nos vamos conociendo más con esa criatura porque pide, porque demanda y se va creando el lazo. Y pasa esto de que la mamá entiende claramente qué le pasa al bebé, sabe cuándo va a pedir teta y va descifrando qué necesita desde la comunicación corporal y gestual, eso se llama diálogo tónico. Las madres o las cuidadoras que estén ahí lo aprenden, lo entienden e interpretan, pero si los padres no están… no entienden ese diálogo”, concluye.

Co-responsabilidad familiar: ¿Distribución igualitaria o distribución equitativa? 

Históricamente, se mantuvo una división de trabajo según el género donde los varones trabajaban fuera de casa y las mujeres se encargaban de criar, cocinar y limpiar. Sucede que, con la incorporación masiva de las mujeres al mercado, si bien esta brecha se ha ido difuminando, no se han reducido las responsabilidades de las mujeres en las tareas hogareñas.  

“Efectivamente somos las que más trabajamos porque tenemos dos jornadas de trabajo. Después de nuestra jornada laboral vamos a nuestras casas y continúa el cuidado doméstico”, dijo Elizabeth Gómez Alcorta la ex ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, en una entrevista con Télam en el año 2022.

Como una posible solución a la inequidad de género, en la sociedad se ha ido enmarcando el término de co-responsabilidad familiar, que implica la colaboración equitativa de los integrantes del hogar sin asignar roles basados en el género, para la realización de tareas de crianza, tareas domésticas y otros aspectos de la vida familiar.

Siguiendo esta línea, para Martín Ortenzi la diferencia de los géneros en el trabajo reproductivo viene de los juegos en la crianza. Dice: “Yo jugaba con una pelota cuando era chico, con el autito, la espada, a meter piñas, a saltar… y mi hermana tenía muñecas y muñecos a los que cuidaba”.

Más adelante, Martín va a revelar que para él la verdadera diferencia que va a marcar un cambio bisagra en la sociedad, son los juegos y juguetes que usen los niños. “Que los nenes preparen la comida y cocinen en el jardín, y que las nenas jueguen con la pelota, se manchen, corran y rompan… Cuando nosotros pensemos que los juegos no tienen que ver con el género, eso va a hacer el cambio para las futuras generaciones”, afianza.

Diferenciando los significados de equidad e igualdad, para Cecilia Cáceres la distribución de las actividades en el trabajo reproductivo nunca puede ser una cuestión completamente igualitaria, pero sí equitativa.

El cuerpo nos limita. Desde el embarazo nos prepara y hasta hace que pensemos en no hacerle daño al bebé, esto es un impedimento físico que los varones no tienen. Después, la recuperación post parto también es física, y no podemos huir de eso. Las mujeres que deciden abortar también lo pasan por el cuerpo… no es lo mismo que un hombre. Capaz la pareja decide abortar, pero quien tiene que poner el cuerpo, vivir el proceso, expulsar, sangrar, pasar las contracciones y las náuseas, es la mujer. El hombre no. Así el embarazo y así el nacimiento, ya sea un parto vaginal o por cesárea. Las que sienten, las que viven todo este proceso, las que dan la teta, y pasan todos los cambios hormonales son las mujeres”, dice la puericultora.

                Por su lado, en la pareja de Lourdes y Matías L., aunque ambos se reparten las tareas lo más justo posible, en su dinámica también existen diferencias. Su hija Freya exige y demanda mucho más de Lourdes que de su papá, y esto puede tener que ver con la elección de la figura de apego que los niños suelen hacer sobre quién es su cuidador/a principal, esto lo ha explicado Cecilia Cáceres durante la charla. Sin embargo, en esta preferencia que Freya hace, su papá no se queda excluido ni se autoexcluye, por el contrario, busca acomodarse atendiendo otras responsabilidades.

Nuevas masculinidades: Papás patriarcas vs. papás implicados

Gracias al activismo feminista de las últimas décadas y a las nuevas concepciones sobre las masculinidades, las problemáticas que develan la inequidad de género han ido ganando más relevancia en la sociedad. Estudios sobre paternidad indican que las formas de paternar y la construcción del vínculo que los padres hacen con los hijos, están estrechamente relacionadas a lo que consideran que es la “masculinidad”.

Ariel Pavón (38) es carpintero, bioconstructor y también escribe. Tiene una cuenta en Instagram donde coordina encuentros para padres y donde habla de la sexualidad en la mapaternidad. Está en pareja con Lucía Cadenazzi quien es activista feminista y poeta, y ambos crian a su hija Helena (6) y su hijo Tilia (3) en Luyaba, pleno monte cordobés. Tanto Ariel como Lucía crean espacios para madres y padres, dictan talleres juntos y por separado. 

Sobre su experiencia con la paternidad, cuenta que con el nacimiento de su hija también llegó su nacimiento como padre. “Ahí fue que conecté con el dolor, porque la paternidad primero me encontró con toda esa represión sistemática en la que me tuve que preguntar qué responsabilidad tengo como adulto, varón y ahora padre, y cómo tenía que construir desde ahora la paternidad. Empecé a sacarle el velo a las cosas, comparando cómo fui criado y cuando nació Helena pude conectar con una ternura que no sabía que podía sentir”, dice. 

Psicólogos/as e investigadores de la temática como Laura Evelia Torres, sostienen que una de las características asociadas a la masculinidad hegemónica es el control de los sentimientos. Según ella, los padres que siguen patrones patriarcales evitan mostrar afecto para no “perder” su autoridad. Ariel, que se va construyendo y deconstruyendo como padre, dice que el desafío está en cuestionar y desarmar lo que se entiende por “lo masculino”, y que, desde ahí, él hace cinco años abre espacios de encuentro para padres, con el fin de abordar sin juicios sus roles en el mundo de hoy. 

“Parte del sistema patriarcal es el silenciamiento y hermetismo en forma de patrones que disfrazan algo mucho más complejo. Me pasa que cuando yo me abro, esa estructura hegemónica me juzga, me cuestiona y me desconfía. ¿Cómo hacemos los padres entonces para juntarnos y abrirnos? Esa es la pregunta… Hay que pensar qué espacio hay que crear para que nos entreguemos a esa transformación, que es individual pero que también es colectiva”, dice Pavón.

                Para Martín Ortenzi, el primer “pueri” argentino, también fue difícil no sentirse limitado por los mandatos de la masculinidad hegemónica. Su deseo tan profundo de ser papá era juzgado por la sociedad. “Yo tenía más deseo de ser padre que mi pareja. Inclusive tenía más ganas de ser papá que de conseguir un trabajo o estudiar una carrera. Era difícil ser varón y pensar en estas cosas”, dice.

                La economía familiar no ha sido un tema pasado por alto: tanto Ariel como Martín, se han cuestionado su mandato de proveer a la familia. Ambos son padres que dedican mucho tiempo a la crianza y a las tareas domésticas, y también han experimentado la dinámica de que su compañera sea la principal fuente de ingresos en el hogar.

De lo individual a lo colectivo: Mitigar la brecha de género con talleres, encuentros y la extensión de licencias

Tanto Martín, como Ariel y Cecilia, además de dedicarse a la crianza, también dictan talleres y coordinan encuentros para otros mapadres. Del otro lado, Lourdes y Matías han participado en este tipo de espacios, para reflexionar la crianza desde un nuevo modelo que desafía al modelo patriarcal establecido. Cabe destacar que los cinco entrevistados tienen algo en común: la necesidad de criar en tribu.

“La maternidad es bastante tediosa, difícil de poner el cuerpo y encima tienes una sociedad crítica ahí afuera que te dice cómo ser o no ser madre. Una tribu te respeta. Mi tribu son mis amigas que no me juzgan”, dice Lourdes con seguridad.

Matías señala que persiste una brecha de género en cuanto a la tribu, ya que hay más espacios disponibles para mujeres que crían que para hombres. “No sé si quiero decir que haya talleres para padres solamente, porque seguiríamos haciendo la división de género. Para mí es necesario que haya talleres para mapadres juntos”, concluye.

                Desde el lado de Cecilia, facilitadora de talleres para parejas gestantes, cuenta que al principio sus encuentros eran exclusivamente para mujeres. Sin embargo, debido a la necesidad y la demanda, ha ido transformado el taller para incluir a ambos. Dice: “Yo armé este taller porque me di cuenta de que la mapaternidad no se reduce al parto, sino que es un camino muy largo del cual nadie prepara emocionalmente. Toda esta información no la necesita solo la madre, sino también el padre, el equipo. Todavía hay muchos prejuicios de que estas son cosas de mujeres, y pasa también que entre amigos se ríen cuando un hombre dice que se está involucrando en esto”.

Llegar al parlamento: ¿Qué pasa con las licencias?

Según el portal oficial del gobierno de la Nación Argentina, hace 50 años que no se discuten cambios en las licencias familiares. Militantes del proyecto que amplía estas licencias, sostienen que las políticas públicas deben promover la co-responsabilidad familiar para disminuir la inequidad de género en el trabajo reproductivo. Es por esto por lo que reclaman una distribución más eficiente en las licencias familiares. 

En respuesta a esta problemática, este proyecto que recientemente obtuvo dictamen en la Cámara de Diputados propone aumentar de 90 a 126 días para personas gestantes y de 2 a 45 días para personas no gestantes.

El llamado a ampliar las licencias, no se circunscribe únicamente al período posterior al parto, busca alcanzar varios objetivos como: promover el derecho a criar; respaldar legalmente la paternidad comprometida; reducir la carga horaria y mental desproporcionada en las mujeres; contribuir a la formación de una sociedad que valore el tiempo dedicado a la familia y comprenda los procesos de las niñeces. Y, además, reconoce que la crianza y la inequidad de género en los roles parentales son asuntos públicos que requieren de intervención política y de acciones colectivas para su mitigación.

En conclusión, la transformación del modelo familiar patriarcal hacia un nuevo paradigma está en marcha. Las experiencias de los entrevistados revelan que hay una mayor toma de conciencia y de acción para reducir la inequidad género en sus hogares. A este cambio también se atribuye la influencia de la Convención sobre los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes (CDN), un tratado internacional que tiene la misma en validez jurídica que la Constitución Nacional Argentina, y que reconoce a las niñeces como sujetos de derecho. Mirar a los niños desde este lugar, requiere de la adopción de nuevos enfoques en la crianza, que cuestionen y desafíen los roles tradicionalmente predefinidos según los géneros.

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