{"id":1657,"date":"2017-04-11T16:26:44","date_gmt":"2017-04-11T16:26:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ucse.edu.ar\/notiucse\/?p=1657"},"modified":"2017-04-11T16:26:44","modified_gmt":"2017-04-11T16:26:44","slug":"homilia-del-santo-padre-francisco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ucse.edu.ar\/notiucse\/2017\/04\/11\/homilia-del-santo-padre-francisco\/","title":{"rendered":"HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.ucse.edu.ar\/notiucse\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/francisgmo62815.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-1615\" src=\"http:\/\/www.ucse.edu.ar\/notiucse\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/francisgmo62815-1024x576.jpg\" alt=\"francisgmo62815\" width=\"700\" height=\"394\" srcset=\"https:\/\/www.ucse.edu.ar\/notiucse\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/francisgmo62815.jpg 1024w, https:\/\/www.ucse.edu.ar\/notiucse\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/francisgmo62815-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.ucse.edu.ar\/notiucse\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/francisgmo62815-460x260.jpg 460w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong>Plaza de San Pedro<\/strong><\/em><br \/>\n<em><strong> XXXI Jornada Mundial de la Juventud<\/strong><\/em><br \/>\n<em><strong> Domingo 20 de marzo de 2016<\/strong><\/em><\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Bendito el que viene en nombre del Se\u00f1or!\u00bb (Cf. Lc 19,38), gritaba festiva la muchedumbre de Jerusal\u00e9n recibiendo a Jes\u00fas. Hemos hecho nuestro aquel entusiasmo, agitando las palmas y los ramos de olivo hemos expresado la alabanza y el gozo, el deseo de recibir a Jes\u00fas que viene a nosotros. S\u00ed, del mismo modo que entr\u00f3 en Jerusal\u00e9n, desea tambi\u00e9n entrar en nuestras ciudades y en nuestras vidas. As\u00ed como lo ha hecho en el Evangelio, cabalgando sobre un asno, viene a nosotros humildemente, pero viene \u00aben el nombre del Se\u00f1or\u00bb: con el poder de su amor divino perdona nuestros pecados y nos reconcilia con el Padre y con nosotros mismos. Jes\u00fas est\u00e1 contento de la manifestaci\u00f3n popular de afecto de la gente, y cuando los fariseos le invitan a que haga callar a los ni\u00f1os y a los otros que lo aclaman, responde: \u00absi estos callan, gritar\u00e1n las piedras\u00bb (Lc 19,40). Nada pudo detener el entusiasmo por la entrada de Jes\u00fas; que nada nos impida encontrar en \u00e9l la fuente de nuestra alegr\u00eda, de la alegr\u00eda aut\u00e9ntica, que permanece y da paz; porque s\u00f3lo Jes\u00fas nos salva de los lazos del pecado, de la muerte, del miedo y de la tristeza.<\/p>\n<p>Sin embargo, la Liturgia de hoy nos ense\u00f1a que el Se\u00f1or no nos ha salvado con una entrada triunfal o mediante milagros poderosos. El ap\u00f3stol Pablo, en la segunda lectura, sintetiza con dos verbos el recorrido de la redenci\u00f3n: \u00abse despoj\u00f3\u00bb y \u00abse humill\u00f3\u00bb a s\u00ed mismo (Fil 2,7.8). Estos dos verbos nos dicen hasta qu\u00e9 extremo ha llegado el amor de Dios por nosotros. Jes\u00fas se despoj\u00f3 de s\u00ed mismo: renunci\u00f3 a la gloria de Hijo de Dios y se convirti\u00f3 en Hijo del hombre, para ser en todo solidario con nosotros pecadores, \u00e9l que no conoce el pecado. Pero no solamente esto: ha vivido entre nosotros en una \u00abcondici\u00f3n de esclavo\u00bb (v. 7): no de rey, ni de pr\u00edncipe, sino de esclavo. Se humill\u00f3 y el abismo de su humillaci\u00f3n, que la Semana Santa nos muestra, parece no tener fondo.<\/p>\n<p>El primer gesto de este amor \u00abhasta el extremo\u00bb (Jn 13,1) es el lavatorio de los pies. \u00abEl Maestro y el Se\u00f1or\u00bb (Jn 13,14) se abaja hasta los pies de los disc\u00edpulos, como solamente hac\u00edan lo siervos. Nos ha ense\u00f1ado con el ejemplo que nosotros tenemos necesidad de ser alcanzados por su amor, que se vuelca sobre nosotros; no podemos prescindir de este, no podemos amar sin dejarnos amar antes por \u00e9l, sin experimentar su sorprendente ternura y sin aceptar que el amor verdadero consiste en el servicio concreto.<\/p>\n<p>Pero esto es solamente el inicio. La humillaci\u00f3n de Jes\u00fas llega al extremo en la Pasi\u00f3n: es vendido por treinta monedas y traicionado por un beso de un disc\u00edpulo que \u00e9l hab\u00eda elegido y llamado amigo. Casi todos los otros huyen y lo abandonan; Pedro lo niega tres veces en el patio del templo. Humillado en el esp\u00edritu con burlas, insultos y salivazos; sufre en el cuerpo violencias atroces, los golpes, los latigazos y la corona de espinas desfiguran su aspecto haci\u00e9ndolo irreconocible. Sufre tambi\u00e9n la infamia y la condena inicua de las autoridades, religiosas y pol\u00edticas: es hecho pecado y reconocido injusto. Pilato lo env\u00eda posteriormente a Herodes, y este lo devuelve al gobernador romano; mientras le es negada toda justicia, Jes\u00fas experimenta en su propia piel tambi\u00e9n la indiferencia, pues nadie quiere asumirse la responsabilidad de su destino. Pienso ahora en tanta gente, en tantos inmigrantes, en tantos pr\u00f3fugos, en tantos refugiados, en aquellos de los cuales muchos no quieren asumirse la responsabilidad de su destino. El gent\u00edo que apenas unos d\u00edas antes lo aclamaba, transforma las alabanzas en un grito de acusaci\u00f3n, prefiriendo incluso que en lugar de \u00e9l sea liberado un homicida. Llega de este modo a la muerte en cruz, dolorosa e infamante, reservada a los traidores, a los esclavos y a los peores criminales. La soledad, la difamaci\u00f3n y el dolor no son todav\u00eda el culmen de su anonadamiento. Para ser en todo solidario con nosotros, experimenta tambi\u00e9n en la cruz el misterioso abandono del Padre. Sin embargo, en el abandono, ora y conf\u00eda: \u00abPadre, a tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u00bb (Lc 23,46). Suspendido en el pat\u00edbulo, adem\u00e1s del escarnio, afronta la \u00faltima tentaci\u00f3n: la provocaci\u00f3n a bajar de la cruz, a vencer el mal con la fuerza, y a mostrar el rostro de un Dios potente e invencible. Jes\u00fas en cambio, precisamente aqu\u00ed, en el culmen del anonadamiento, revela el rostro aut\u00e9ntico de Dios, que es misericordia. Perdona a sus verdugos, abre las puertas del para\u00edso al ladr\u00f3n arrepentido y toca el coraz\u00f3n del centuri\u00f3n. Si el misterio del mal es abismal, infinita es la realidad del Amor que lo ha atravesado, llegando hasta el sepulcro y los infiernos, asumiendo todo nuestro dolor para redimirlo, llevando luz donde hay tinieblas, vida donde hay muerte, amor donde hay odio.<\/p>\n<p>Nos pude parecer muy lejano a nosotros el modo de actuar de Dios, que se ha humillado por nosotros, mientras a nosotros nos parece dif\u00edcil incluso olvidarnos un poco de nosotros mismos. \u00c9l viene a salvarnos; y nosotros estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donaci\u00f3n, del olvido de uno mismo. Podemos encaminarnos por este camino deteni\u00e9ndonos durante estos d\u00edas a mirar el Crucifijo, es la \u201ccatedra de Dios\u201d. Os invito en esta semana a mirar a menudo esta \u201cCatedra de Dios\u201d, para aprender el amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al ego\u00edsmo, a la b\u00fasqueda del poder y de la fama. Con su humillaci\u00f3n, Jes\u00fas nos invita a caminar por su camino. Volvamos a \u00e9l la mirada, pidamos la gracia de entender al menos un poco de este misterio de su anonadamiento por nosotros; y as\u00ed, en silencio, contemplemos el misterio de esta semana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO Plaza de San Pedro XXXI Jornada Mundial de la Juventud Domingo 20 de marzo de 2016 \u00ab\u00a1Bendito el que viene en nombre del Se\u00f1or!\u00bb (Cf. Lc 19,38), gritaba festiva la muchedumbre de Jerusal\u00e9n recibiendo a Jes\u00fas. 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