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La autoría en cuestión: se desarrolló un conversatorio sobre inteligencia artificial, educación y producción de conocimiento

La temática fue abordada por distintos especialistas buscando debatir sobre el uso de la IA en la producción de contenidos.
20 junio, 2026

El pasado jueves 4 de mayo, en el auditorio de la Universidad Católica de Santiago del Estero, se desarrolló el conversatorio “La autoría en cuestión”, un espacio de reflexión sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial en los procesos de aprendizaje, la producción de conocimiento y la construcción de la autoría en la actualidad. La actividad fue organizada por la Prosecretaria de Investigación de la Facultad de Ciencias para la Innovación y el Desarrollo (FCID) y contó con la participación de los doctores Eliana Neme, José Yuni y Matías Castro de Achaval, quienes abordaron la temática desde perspectivas cognitivas, epistemológicas y éticas. La presentación estuvo a cargo de la Tec. Milena Gadan y la moderación fue realizada por la Lic. María José Rondano

Durante la apertura, se destacó que el objetivo del encuentro no era promover ni prohibir el uso de la inteligencia artificial, sino generar un espacio de análisis y debate sobre sus implicancias en un contexto donde la colaboración entre seres humanos y sistemas inteligentes es cada vez más frecuente.

La Dra. Eliana Neme abrió las exposiciones de la dimensión cognitiva y psicológica del fenómeno. Definió a la inteligencia artificial como una tecnología emergente y disruptiva que genera sentimientos contradictorios en las personas, entre la fascinación, la incertidumbre y la preocupación. En su exposición señaló que la velocidad y facilidad con que la IA ofrece respuestas puede llevar a asumir una posición pasiva frente al conocimiento. En ese sentido, remarcó que aprender continúa siendo un proceso progresivo, artesanal y sostenido en el tiempo, que requiere la participación activa de quien enseña y quien aprende.

Además, advirtió sobre el riesgo del antropomorfismo, es decir, la tendencia a atribuir características humanas a la inteligencia artificial, lo que puede conducir a una delegación excesiva de capacidades intelectuales. Para Neme, el desafío educativo consiste en incorporar una alfabetización digital crítica que permita aprovechar las potencialidades de la IA sin renunciar a la reflexión. Según su perspectiva, para convertirse en autor, el sujeto debe incorporar sentido, identidad, reflexividad y crítica sobre aquello que se produce. 

Desde una perspectiva epistemológica, el Dr. José Yuni propuso revisar las concepciones tradicionales sobre el conocimiento y la figura del autor. Durante su intervención cuestionó la idea de que la tecnología sea la causa de la desconexión con la realidad y sostuvo que las herramientas, tanto analógicas como digitales, son formas de interpretar el mundo, pero nunca sustituyen la experiencia directa.

Al referirse a la autoría, retomó planteos del filósofo Michel Foucault para señalar que el autor no debe entenderse únicamente como la persona que escribe, sino también como una función social vinculada al reconocimiento, la legitimidad y la responsabilidad de una obra.

Yuni destacó además que la creación siempre fue un proceso colectivo. Ningún autor produce completamente solo, ya que toda escritura se construye a partir del diálogo con otros textos, ideas y experiencias. En este contexto, la inteligencia artificial introduce nuevas formas de cocreación, donde las herramientas generativas pueden proponer contenidos que luego son interpretados, modificados y resignificados por las personas. En este escenario, planteó que el papel del autor se transforma: más que un productor exclusivo de textos, pasa a desempeñarse como un director intelectual capaz de orientar, seleccionar, dotar de sentido y asumir la responsabilidad de lo producido.

Por su parte, el Dr. Matias Castro de Achaval centró su exposición en los desafíos éticos que plantea la inteligencia artificial. El especialista sostuvo que la IA profundiza una crisis de autoría que ya existía previamente y afirmó que la discusión no debe limitarse a quien escribe, sino también a quien lee y cómo se construyen los procesos de comprensión.  En ese marco, señaló que intentar resolver el problema únicamente mediante reglamentaciones resulta insuficiente, ya que las transformaciones tecnológicas exigen reflexiones más profundas sobre las prácticas educativas y culturales.

Uno de los puntos centrales de su intervención fue la responsabilidad sobre los textos producidos. Según explicó, ser autor implica comprender lo que se afirma, reconocer las fuentes utilizadas y asumir las consecuencias de lo escrito. En ese sentido remarcó que la inteligencia artificial no puede responsabilizarse por los errores o afirmaciones que genera, por lo que dicha responsabilidad sigue recayendo en las personas.

También alertó sobre la creciente utilización de resúmenes automáticos como sustitutos de la lectura y defendió la necesidad de recuperar tiempos de reflexión frente a la lógica de la inmediatez. En contraposición a los modelos de control y vigilancia en los procesos educativos, propuso avanzar hacia una pedagogía basada en la responsabilidad, el diálogo, el seguimiento de los procesos de aprendizaje y la elaboración de consignas situadas y contextualizadas. 

Finalmente, destacó tanto las posibilidades democratizadoras de la inteligencia artificial (como el acceso a materiales antes difíciles de conseguir), como los riesgos asociados a la dependencia tecnológica, la homogeneización de los discursos y las desigualdades de acceso.

Tras las exposiciones, se abrió un espacio de intercambio con el público, donde se profundizaron algunas cuestiones abordadas durante la jornada.

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